Como en todas las epístolas de Pablo a las iglesias, su propósito en escribirlas, era para proclamar la gloria del Señor Jesucristo mediante la enseñanza de la doctrina, y la edificación y el ánimo para los creyentes que recibieran su carta. Una preocupación en particular para Pablo, era aquellos para quienes escribió esta carta–aquellos que estaban en Roma que eran “amados de Dios y llamados a ser santos”. Por ser él mismo un ciudadano romano, él tenía una pasión única por aquellos en la asamblea de creyentes en Roma. Puesto que él, hasta este momento, no había visitado la iglesia en Roma, esta carta también servía como su presentación ante ellos.

La iglesia corintia estaba llena de divisiones. Los creyentes en Corinto estaban divididos en grupos leales a ciertos líderes espirituales. Pablo exhortó a los creyentes corintios a tener unidad por devoción a Cristo. Pablo estaba entusiasmado con la idea de poder ministrar al fin en esta iglesia, y todos estaban bien enterados de este. Muchos de los problemas y preguntas con las que estaba luchando la iglesia en Corinto, aún están presentes en la iglesia de hoy. Las iglesias en la actualidad aún batallan con divisiones, con inmoralidad, y con el uso de los dones espirituales. A pesar de todas las reprensiones y correcciones, 1 Corintios trae nuestra atención de regreso a donde debe estar – en Cristo. El amor genuinamente cristiano es la respuesta a muchos problemas. Un entendimiento apropiado de la resurrección de Cristo, como se revela en el capítulo 15, y por lo tanto una comprensión apropiada de nuestra propia resurrección, es la cura para lo que nos divida y amenace.

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